Villa El Salvador, históricamente reconocida como la
"Ciudad Mensajera de la Paz", atraviesa un momento crítico que dista
mucho de aquel título. Según fuentes de la Policía Nacional del Perú se registraron
142 casos del delito de extorsión en el primer trimestre del año, una cifra
alarmante para un distrito de Lima sur. Sin embargo, los robos superan esa
cantidad con 411 acontecimientos en dicha modalidad. El miedo es el Nuevo
estilo de vida.
La criminalidad ha echado raíces en Villa El Salvador. Atentados contra negocios, extorsiones y cierres forzados de locales, sumados a la preocupación ciudadana, reflejan un clima de constante temor. Aunque se ha empezado a instalar casetas de seguridad en distintos puntos, los vecinos se preguntan si eso bastará para frenar la ola delictiva. La percepción es clara: las soluciones visibles no parecen estar atacando el problema de fondo.
Según el Portal de Transparencia, se ha destinado más de 23 millones de soles a la mejora del servicio de seguridad ciudadana. Se han proyectado subcentrales de videovigilancia, puestos de auxilio rápido y cámaras de alta tecnología. La inversión es significativa y, en teoría, debería traducirse en un entorno más seguro. Pero la realidad cotidiana parece contradecir las cifras y los anuncios oficiales.
No basta con colocar cámaras y casetas si no hay una estrategia articulada, preventiva y sostenida en el tiempo. El crimen organizado, particularmente la extorsión, no se detiene con estructuras vacías. Villa El Salvador necesita autoridades que escuchen, planifiquen y actúen con seriedad. Solo así se podrá aspirar, más allá del nombre simbólico, a devolverle la verdadera paz a esta comunidad golpeada por la indiferencia y la inseguridad.