UNA MUERTE, MIL ADVERTENCIAS

                   

Categoria : Editorial
Fecha de publicacion : 16 de junio de 2025 a las 08:55 a. m.
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El sismo de magnitud 6.1 registrado este domingo en Lima y Callao a las 11:35 de la mañana nos recuerda, con brutal claridad, que el Perú es un país profundamente vulnerable a los movimientos telúricos. La muerte de Jonatan Teófilo Ventura Vega de 36 años, quien fue alcanzado por un bloque de concreto mientras caminaba por las calles de Independencia, es una dolorosa evidencia de lo que ocurre cuando las advertencias sísmicas no se traducen en acción preventiva. Esta tragedia individual expone un problema colectivo: las deficiencias en la infraestructura urbana y el olvido sistemático de la gestión de riesgos.

Es urgente preguntarnos cuántos otros edificios, como el que colapsó en El Ermitaño, se encuentran en igual o peor estado. La víctima no murió por el sismo en sí, sino por la negligencia de una ciudad que ha normalizado convivir con construcciones vulnerables y autoridades que reaccionan más que previenen. A pesar de los esfuerzos inmediatos de Defensa Civil y la activación de protocolos por parte de las autoridades, no se puede reparar una vida perdida. La prevención no puede seguir siendo solo un discurso posterior a cada emergencia.

Este sismo, como el devastador terremoto de Pisco el 15 de agosto de 2007, debe servir de recordatorio permanente. No basta con campañas ocasionales ni simulacros aislados. Cada ciudadano debe tener una mochila de emergencia lista, conocer los puntos seguros en su vivienda y exigir que los municipios supervisen y refuercen las edificaciones. Pero también hace falta voluntad política para invertir en infraestructura segura y educación masiva en prevención de desastres. No podemos permitir que el miedo y la improvisación sean nuestras únicas estrategias ante el riesgo.

Hoy Lima llora una vida perdida, pero mañana podríamos lamentar muchas más si no actuamos con responsabilidad. En un país donde la tierra tiembla con frecuencia, la única respuesta aceptable es la preparación constante. Convertir cada tragedia en una oportunidad para reforzar la cultura de prevención es una obligación que no podemos seguir postergando.