Uno de los pilares de toda democracia es el derecho
de los ciudadanos a decidir quién los gobierna. En ese sentido, la posibilidad
de reelegir a una autoridad debería recaer exclusivamente en la voluntad de los
votantes. Negar esa opción bajo el pretexto de prevenir malas prácticas no solo
es un acto de desconfianza hacia el electorado, sino también una interferencia
injusta por parte del Congreso en la autonomía de cada jurisdicción. Si un
alcalde o gobernador ha ejercido un buen gobierno, corresponde a sus vecinos
premiarlo o no con un nuevo mandato.
El rechazo en el Congreso a la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores refleja con claridad que, para muchos legisladores, pesan más los cálculos políticos que los principios democráticos. La reforma constitucional necesitaba 87 votos, pero solo obtuvo 78. Así, 26 congresistas en su mayoría de bancadas como Acción Popular, Podemos Perú, la Bancada Socialista y Juntos por el Perú decidieron mantener vigente una restricción que priva a los ciudadanos de un derecho básico: elegir con libertad.
Los argumentos planteados por estos legisladores
resultan alarmantes por su carácter sobreprotector y contradictorio.
Afirmaciones como la del congresista Pasión Dávila, quien sostiene que el
pueblo “es manipulable”, no solo menosprecian la madurez política del
electorado, sino que contradicen el principio mismo de representación
democrática. Si de verdad creen que la reelección fomenta el populismo o la
malversación de fondos, deberían predicar con el ejemplo y abstenerse también
de postular nuevamente al Congreso.
La prohibición vigente, impuesta hace una década por una ley populista, se mantiene hoy por conveniencia de un grupo minoritario de parlamentarios que temen competir en igualdad de condiciones. Mientras tanto, se niega a los ciudadanos la posibilidad de respaldar o sancionar con su voto a quienes los gobiernan. La democracia no se protege limitando opciones, sino garantizando que estas existan. Confiar en el criterio del votante es una muestra de respeto al sistema y no una amenaza a él.