Después de aquel difícil 2020 marcado por el COVID-19, muchos solo queríamos despertar tranquilos, ir por pan para el desayuno, estar con nuestra familia y disfrutar más tarde del sol en un veraneo. Sin embargo, esa realidad cotidiana sigue siendo un tal vez, no por un virus, sino por el miedo constante a morir no por enfermedad sino por una bala. La vida parece haberse capitalizado, ahora todos tenemos un precio y la pregunta dejó de ser cuánto vales hoy, para convertirse en cuánto costará tu vida cuando alguien decida ponerle precio. Ya no queremos salir a la calle porque una bala perdida puede arrebatarnos todo; así, las ilusiones de emprender o salir adelante se desvanecen, y muchos prefieren quedarse quietos, casi invisibles, con la esperanza de prolongar el tiempo de su vida.
En las noticias se menciona con frecuencia a Erick Moreno, alias el “Monstruo”, señalado como líder de una de las bandas más criminales y sanguinarias del país, causante de familias incompletas, niños huérfanos y miedo generalizado. Sin embargo, hay algo aún más doloroso que la violencia de los criminales: la traición desde dentro de las instituciones encargadas de protegernos. Hay denuncias de policías que suministran armas a criminales, prestan servicios particulares y hasta siembran drogas a inocentes, aliándose con bandas en lugar de combatirlas. La lema de la Policía Nacional del Perú —Dios, Patria y Ley— parece ahora solo un uniforme usado como fachada para ocultar otras realidades.
La ciudad de Trujillo y la región La Libertad han sido duramente golpeadas por la ola de extorsión, sicariato y homicidios que afectan al país. En 2024, La Libertad registró más de 4.500 casos de extorsión y alrededor de 160 homicidios con armas de fuego, según la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), cifras que representan aumentos significativos respecto a años anteriores y reflejan una crisis de seguridad persistente. Además, según datos del SIDPOL y SINADEF, la tasa de homicidios en La Libertad fue de aproximadamente 13 por cada 100.000 habitantes en 2024, una de las más altas del país. En Trujillo, hay informes que indican entre 10 y 12 denuncias diarias de extorsión, lo que demuestra cómo esta violencia se ha normalizado y afecta a comerciantes, transportistas y pequeños emprendedores.
Ante esta realidad, el General Víctor Revoredo ha señalado que la policía continuará limpiándose de malos elementos y se debe ser íntegros porque “nos debemos a la ciudadanía”. Esperamos que esto no quede solo en palabras, pues lo que necesitamos ahora es volver a creer en nuestras autoridades, porque estamos profundamente lastimados y heridos por nuestros hermanos fallecidos y por familias enteras destruidas, como las de los transportistas que dieron su vida por su trabajo. Urge justicia y seguridad para todos, que esta pesadilla termine y dejemos de vivir con miedo; porque el Perú merece paz, y sus ciudadanos merecen caminar con libertad y esperanza.