Enero de 2026 ha comenzado con una intensidad pocas veces vista. Mientras la capital enfrenta incendios en diversos distritos —incluido el nuestro—, la agenda internacional estalla con un hecho que ha remecido a Sudamérica: la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro. Un acontecimiento que, aunque sorpresivo para muchos, parecía anunciado por la secuencia de hechos políticos y geopolíticos de los últimos años.
Enero de 2026 ha comenzado con una intensidad pocas veces vista. Mientras la capital enfrenta incendios en diversos distritos —incluido el nuestro—, la agenda internacional estalla con un hecho que ha remecido a Sudamérica: la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro. Un acontecimiento que, aunque sorpresivo para muchos, parecía anunciado por la secuencia de hechos políticos y geopolíticos de los últimos años.
Desde muy temprano del último sábado 3 de enero, la noticia dominó las tendencias informativas. Fue el propio Donald Trump quien anunció la captura del mandatario venezolano, asegurando que había sido retirado del poder en una operación que provocó un inmediato revuelo internacional. Las acusaciones no son menores: conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, así como vínculos directos con organizaciones armadas como las FARC, a quienes —según la acusación— el llamado Cártel de los Soles habría suministrado armas de grado militar.
Este escenario desató una reacción inmediata de la comunidad venezolana en el Perú. Desde tempranas horas, decenas de ciudadanos se concentraron en los exteriores de la Embajada de Venezuela en Lima. La emoción era evidente: para muchos, este hecho representa el cierre de una etapa marcada por la incertidumbre, el exilio y la distancia forzada de su país. Algunos incluso expresaron su esperanza de poder regresar a Venezuela tras más de ocho años de permanencia en territorio peruano.
En medio de este panorama, Donald Trump ha asumido un rol que él mismo ha descrito como el de garante de una “transición segura, apropiada y legal” en Venezuela. No han faltado las comparaciones con un héroe de película, reforzadas por su discurso confrontacional y simbólico. Trump volvió a sindicar a Maduro como líder del Cártel de los Soles, organización criminal que —según su administración— brindaría apoyo material a grupos considerados terroristas, como el Tren de Aragua y el Cártel de Sinaloa. Las próximas semanas serán decisivas, pero la gran interrogante permanece: ¿se trata de un acto heroico o del inicio de una nueva forma de dominación?
Mientras las miradas del mundo se posan sobre Venezuela, Sudamérica se consolida como el epicentro de la agenda política internacional. Nadie anticipó un inicio de año tan convulso. Sin embargo, este contexto también impacta directamente en el escenario nacional. El 2026 será un año clave en materia de seguridad ciudadana, un tema que los candidatos no podrán eludir en la próxima campaña electoral.
La expansión de la extorsión, el crimen organizado y la violencia ya no se limita a zonas específicas de Lima. Distritos como Villa El Salvador, en Lima Sur, enfrentan hoy una problemática urgente que exige respuestas concretas. La ciudadanía espera que este año marque un punto de inflexión y que quienes aspiran a gobernar asuman con responsabilidad y realismo los desafíos en seguridad, porque el miedo no puede seguir siendo parte de la rutina diaria.