La reciente restricción del uso de celulares en los colegios públicos y privados abre un debate sobre cuánto influyen estos dispositivos en el aprendizaje. La medida busca mejorar la concentración de los estudiantes y reducir problemas como el ciberbullying. El teléfono, que puede ser una herramienta útil, también puede convertirse en una distracción cuando su uso no es controlado.
El debate llega en un momento complicado para la educación peruana. Los resultados de PISA 2025, publicados en 2026, muestran que el Perú obtuvo 382 puntos en Matemática, 390 en Lectura y 406 en Ciencia. Estos resultados vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de fortalecer los aprendizajes y preguntarnos qué factores están afectando el rendimiento de los estudiantes.
Para los vecinos consultados, la decisión de restringir los celulares en las aulas es positiva y necesaria. Consideran que los estudiantes necesitan recuperar la concentración durante las clases y que limitar el acceso al teléfono puede ayudar a reducir distracciones y casos de ciberbullying. Para ellos, el aula debe ser un espacio donde la prioridad sea aprender y no permanecer pendiente de una pantalla.
Sin embargo, prohibir un celular no resolverá por sí solo los problemas de la educación. La medida debe estar acompañada de orientación para que los estudiantes aprendan a utilizar la tecnología de manera responsable. Si el teléfono puede distraer, también puede enseñar; el verdadero desafío será lograr que los estudiantes sepan cuándo una pantalla aporta a su aprendizaje y cuándo simplemente los aleja de él.