Tres ataques contra vehículos de transporte público, registrados en menos de 24 horas en Lima y el Callao, dejaron dos choferes muertos, otro conductor herido y un niño de apenas cuatro años lesionado por una bala. Los hechos ocurrieron en el Callao, San Juan de Miraflores y Villa El Salvador, y esto pone nuevamente en evidencia la situación de inseguridad que enfrentan diariamente transportistas y pasajeros.
Debemos dejar de mirar los hechos como cifras policiales, detrás de cada víctima hay una familia que que espera a un integrante que no volverá, trabajadores que salieron a cumplir su jornada y pasajeros que buscaban llegar a su destino. El transporte público forma parte del día a día de miles de limeños y debería ser un espacio seguro, no un lugar donde podemos encontrar violencia en cada esquina.
Las autoridades recién electas tienen una misión muy grande. La ciudadanía necesita respuestas sobre la aplicación de estrategias concretas y también la articulación con el gobierno central, se deben prevenir nuevos ataques, proteger a los trabajadores del transporte y garantizar la seguridad de los pasajeros.
Este escenario también nos obliga a preguntarnos cuánto hemos llegado a normalizar la violencia. No podemos acostumbrarnos a escuchar choferes asesinados, unidades baleadas o que un niño resultó herido durante un ataque y continuar con nuestra rutina como si fuera un hecho más. Debemos exigir que la seguridad sea una prioridad permanente de nuestras autoridades: salir de casa sin miedo, llegar seguros a nuestro destino.