En Lima sur, a seis días de las Elecciones 2026, la voz de los ciudadanos revela un escenario marcado por la incertidumbre, pero también por decisiones ya tomadas, muchas de ellas construidas más desde percepciones personales que desde un análisis profundo de propuestas. El sondeo evidencia que algunos vecinos ya tienen definido su voto, mientras otros aún dudan entre opciones. Sin embargo, lo que más llama la atención es la diversidad de criterios utilizados para elegir: desde la simpatía por un candidato hasta la simple expectativa de que “haga algo mejor” que los anteriores.
Un elemento recurrente en las opiniones recogidas es la desconfianza generalizada hacia la clase política. Frases como “aunque todos son corruptos” reflejan un desencanto profundo, donde el voto deja de ser una elección esperanzada para convertirse en una apuesta resignada. Aun así, algunos ciudadanos encuentran razones para inclinarse por determinados candidatos, ya sea por identificación ideológica, como el respaldo a “la derecha o izquierda” en nombre de la democracia, o por la percepción de capacidad de gestión basada en obras concretas.
Asimismo, resulta preocupante que varios electores admitan no conocer con claridad las propuestas de los candidatos, priorizando en cambio aspectos como la imagen pública o incluso la trayectoria en otros ámbitos, como el entretenimiento. Este fenómeno evidencia una política cada vez más mediática, donde la popularidad puede pesar tanto o más que la preparación. A ello se suma la demanda urgente de soluciones a problemas estructurales como la inseguridad ciudadana, la educación y el transporte, temas que, aunque mencionados, no siempre son analizados con la profundidad que requieren.
En ese contexto, el desafío no solo recae en los candidatos, sino también en la ciudadanía. La construcción de una democracia sólida exige un electorado informado, crítico y consciente de la trascendencia de su voto. Lima sur, como reflejo del país, muestra que aún hay un largo camino por recorrer en cultura política. Las Elecciones 2026 no deberían ser solo una elección de nombres, sino una oportunidad para exigir propuestas viables, transparencia y compromiso real con el desarrollo del Perú.